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Mostrando entradas de septiembre, 2020

La cometa (El Baricentro, ese gran desconocido)

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Mi padre compró una comenta en Alcampo. Mi padre nunca ha tenido paciencia. El tiempo se le echa encima. Era una cosa de la mala suerte. No podía esperar. Sacamos la cometa a la calle un único día, el mismo día que la compró. No corría ni un poquito de viento. Primero probó mi padre, después yo y, por último, mi hermana. Mi hermana lo intentó con más ahínco que nosotros dos y a cambio obtuvo unas buenas pupas en las dos rodillas. Mi hermana lloró al caerse. Mi padre cogió la cometa del suelo y dijo «se acabó», como si la cometa tuviese vida y le pudiese castigar. Mi hermano dijo que él no había probado aún, pero nadie le hizo demasiado caso porque Rosa había empezado a llorar gritando, que era una de sus modalidades de llanto. Nadie volvió a hablar nunca de la cometa.  

Presentación

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El día de la mudanza, me metí en una caja de cartón. Mi padre y mi madre me buscaron durante horas. Y mi hermano también. A mi hermana la dejaron con la tortuga. Llegué a la nueva casa dentro de una caja de Vanguard blanco y negro. En una mano llevaba una batidora y en la otra un enorme pepón.